miércoles, enero 10, 2007

caminando para siempre

Leyendo lo que aún no ha sido escrito...

Últimamente solo parecen llegarme malas noticias, fin del contrato, estas en el paro, listado de admitidos, tu estás excluido, el móvil sin llegar de reparar, me ha salido una espinilla... si es que no puede ir a peor! bueno mejor no lo digo muy alto porque si que puede ir a peor, de echo, siempre puede ir a peor!! lo cual es una gran putada, aunque si lo miramos por la contrapartida, todo puede ir a mejor!! me quedo mejor con esa perspectiva, me es mas favorecedora.

El 2007 promete, como ya dije en varios post anteriores tengo propuestas y proyectos por realizar, y será este año cuando los lleve a cavo, tanto para lo bueno como para lo malo, pero no pienso dejar escapar mas tiempo, demasiado he dejado ya, y el tiempo es de las pocas cosas que no se puede ni recuperar ni comprar, ojalá pudiera ir a una tienda y pedir tiempo, "hola por favor, me da un año de tiempo?" estaría bien, de todas formas, pasando por alto toda esta "efusividad" de cumplir sueños dormidos, también he de confesar que tengo miedo, miedo a lo que puede venir, miedo a lo desconocido y miedo a no saber enfrentar las cosas cuando venga, pero eso solo se puede saber si lo realizas, es decir, solo puedes aprender a volar volando, eso me recuerda un precioso cuento del genial Bucay:



... Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
—Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto
que no tienes obligación de volar, me parece que sería penoso
que te limitaras a caminar, teniendo las alas que el buen Dios te
ha dado.
—Pero yo no sé volar –contestó el hijo.
—Es verdad... –dijo el padre y caminando lo llevó hasta el
borde del abismo en la montaña.
—Ves, hijo, este es el vacío. Cuando quieras volar vas a
pararte aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y
extendiendo las alas, volarás.
El hijo dudó:
—¿Y si me caigo?
—Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones
que te harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el
padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus
compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente le dijeron:
—¿Estás loco? ¿Para qué? Tu viejo está medio zafado...
¿Qué vas a buscar volando? ¿Por qué no te dejas de pavadas?
¿Quién necesita volar?
Los más amigos le aconsejaron:
—¿Y si fuera cierto? ¿No será peligroso? ¿Por qué no
empiezas despacio? Prueba tirarte desde una escalera o desde
la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían. Subió
a la copa de un árbol y, con coraje, saltó... Desplegó las alas, las
agitó en el aire con todas sus fuerzas pero igual se precipitó a
tierra...
Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre:
—¡Me mentiste! No puedo volar. Probé y ¡mira el golpe
que me di! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.
—Hijo mío –dijo el padre— para volar, hay que crear el
espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como para tirarse en un paracaídas. Necesitas cierta altura
antes de saltar.
Para volar hay que empezar corriendo riesgos.
Si no quieres, quizás lo mejor sea resignarse y seguir
caminando para siempre.

0 comentarios: